Hoy hace un año estábamos de entierro. Irene, la alta secretaria de alta dirección y con más de 40 años de servicio a sus espaldas, moría en su casa, durante la noche. Fue una muerte inopinada de un ser querido por todos.
Era querida por los buenos, y por todos nosotros en general. Sonrisa en ristre y sentido del humor. Veteranía, sabiduría,: No entres ahora, no es buen momento. ¿Quieres que lo haga yo?. No se dejaba deslumbrar por las palabras vacías, como hacíamos los demás y daba gusto ver cómo calaba a los nuevos.
Y, bueno, ella tenía una especie de convenio, (la única que quedaba con el convenio de antigüedades) que le permitía coger días de vacaciones a cuenta de los años siguientes, y a todos nos dio risa que se muriese debiendo 55 días de vacaciones a la empresa.
- ¿Qué van a hacer; traer a su hijo a currar gratis durante 55 días?
- Ja,ja
- Desde luego ja,ja.
Su entierro fue de lo más concurrido que se recuerda, y los llantos flojos de hombres rudos, muchos de ellos antiguos militares, u hombres de la mar, fue la banda sonora inolvidable de aquel acontecimiento. Se habían contratado plañideras para llorar, y se negaron a cobrar sus servicios, diciendo que ya había lágrimas suficientes y que no ellas no eran necesarias en absoluto, que se iban al bingo.
Cantaron dos líneas. Se fueron enseguida.
Lo que nos molestó a todos es que la vida real apareciese al día siguiente, cuando limpiaban de papeles su puesto de trabajo, quitando ahora un papel, secando ahora una lágrima. Y salió a la luz, cómo con las cuentas de los gastos de sus jefes, hacía malabarismos añadiendo ceros y quedándose la pasta.
Yo no sabía qué pensar. Peor aún, no sabía qué decir.
Claro que sí. Ya sé que lo ideal sería conseguir que se revolcara conmigo en medio del barro, chillando y jurando como una loca por todo lo que le estoy haciendo sentir. Que me gritara al oído lo bestia que soy, hasta dejarme el tímpano pitando. Que se lo contara a sus amigas, y que un día organizara una quedada con las tres amiguitas más lucidas, también en medio del barro y que las cuatro me hicieran saber al final y en medio que no sabían lo que significaba revolcarse hasta que toparon conmigo, y que me pidieran por favor si se podría repetir más adelante…
-Con tus piropitos de listillo no consigues más de la maldita que lo que yo consigo con mi cara de vinagre y mis gafas sucias y mis tonterías de tontito.-me dice Petitsuisse.
-Consigo que sonría.
Y a lo mejor ella es egoísta, o seca, o frígida o rara de que yo no le guste.
Pero la sonrisa que tiene no es cualquier cosa.
En cambio, la sonrisa de Petitsuisse es una mierda.
Hasta este fin de semana pasado que se casó la Marquesa, e invitó a su boda a medio Frente Ruso, no hubiera sabido que escribir acerca del tema “El ser humano, cuando pasa de quererlo todo a conformarse con nada”.
Se me acercó la Hidra, y me dijo si le pedía en la barra libre un “Jack Daniels de 15 años con coca cola zero sin cafeína y dos hielos y un trocito de un tercero, una rajita de limón que no esté rota, pero que parezca un poco mordida …”
Y yo fui a la barra con tan complicado encargo, y el camarero, después de mirar a muchos sitios me dijo:
- No hay.
Y yo volví:
- Algo no hay. O Jack Daniels de 15 años, o la Coca Cola Zero sin cafeína, o los dos cubitos y medio de hielo o la raja de limón…
- Ah, pues entonces dizcoca.
Llegan unos días escondiditos, tímidos, que pertenecen a la primavera, pero que se han escapado de la caja de la primavera porque alguien se la dejó abierta cuando guardó el fresquito matinal, y se han presentado en el invierno, por el morro.
Los tordos, que son unos enteraíllos, han empezado a picotear el suelo sombrío bajo los balcones de los bajos, creyendo que porque está blandito, ya está repleto de lombrices fatalistas (Ver no se qué del no sé cuantos).
Se equivocan, los gilipollas.
El nuevo (apodado La Central) también cree que porque haya habido dos días o tres seguidos de sol, ya empezó la primavera, y que se le va a perdonar esas miradas que les tira tanto a las Uñas Relimpias (Vozdediós y Peloaunlado, y también a veces mira a Trameunacervechocho) como a lo más granado del Frente Ruso (La Maldita y la húngara).
El nuevo (Apodado la Central) se equivoca. Cuando las chicas dejen de piar, porque vuelve el hielo, el se encontrara con todo su plumero desplegado, y ya no lo podrá volver a exhibir cuando de verdad lo necesite.
Y dime, Maldita, ¿Por qué le llamamos La Central? ¿Acaso porque se ocupa de los datos para facturar? ¿Cómo Central de datos?
La Maldita hace un gesto delicioso, mientras se come una cucharada de un guiso de garbanzos aun más delicioso.
- No, Central lechera, porque mira como un salido.
No entre las Uñas Relimpias, ni en Frente Ruso, pero si en Geronto Exprés, existe gente que conoce las labores del campo. No todos conocen las mismas, por supuesto, porque el campo es tan variado que casi resulta imposible que dos coincidan en conocer el cultivo de la cebolla, y si fuera así, probablemente acabarían por darse cuenta de que, siendo uno especialista en cebolla francesa, el otro lo es en cebolla clásica o de llorar, y no llegarían nunca a aunar conocimientos. No aprendemos mucho, que digamos.
Así que no merece la pena.
Los Geronto Exprés no son guapos como las Uñas Relimpias, ni se ríen tanto como nosotros, los de Frente Ruso, están gastados por la vida, y se ponen en tamaño “Descomunal Font” los iconos de Windows, porque tienen la vista cansada.
Los iconos grandes molestan en el Frente Ruso, y, seguro que también en Uñas Relimpias.
Los Geronto Exprés hablan mucho, y sus voces son agudas y chillonas.
No queremos oírles.
Por eso nos ofrecemos a sacarles los cafés cada mañana, para que no tengan que levantarse a por ellos, y también porque a ellos no se les ocurriría añadirle a sus cafés un chorrito de Fairy, que contribuya a su propia desaparición.
Pero a nosotros sí.
Un corazón de hombre, al menos de un hombre como yo, no cabe un número ilimitado de pasiones. Pero esto ¡Qué poco importa! La vida se ha acelerado, yo he seguido grabando mis impresiones de la vida y los sucesos, al mismo ritmo, pero ahora entre vez y vez, de pronto, pasan…¡Catorce días!
¿Y qué es de mi si no escribo aquí? ¿Me sumerjo en el mundo vulgar de vivir las cosas sin contarlas? Eso no puede ser. Han pasado muchas cosas: La Maldita se ha puesto a jugar con mi vaca ahorcada de porcelana (La vaca no vino ahorcada, la ahorqué yo con un hilo de repostería) se deshizo el nudo de la horca y la vaca cayó con estrépito en mi mesa y se hizo fosfatina, como La Maldita sabe que no soy hombre apegado a los objetos, le bastó con un “¡Ups perdón!”, y un suave meneo de molletes al irse para sentirse perdonada.
Hace muchos días que Vozdediós no viene. Peloaunlado no falta nunca, pero si no viene Vozdediós no asoma su cabecita de retrato de medio lado por la cafetería, y me quedo sin verla.
Petitsuisse, amigo inseparable de Duc, sólo porque ambos son de idéntico tamaño, insiste en peinarse raro. No sabemos si es consciente de que llama la atención, creemos que sí, pero también creemos que para él es más importante que la gente crea que tiene personalidad, por extraña que sea, a cambiarse de peinado y que la gente crea que es como los demás.
Pero para ser uno mismo, no sabe que lo mejor es no tener personalidad ninguna, y adoptar la primera que te guste, mientras te guste.
La panadera es una mujer sensible y frágil. Se le puede mandar a llorar al baño sin más que insinuarle que los hijos de otras no son cabezones. Esto sacude mi siempre despierta crueldad, y me dan ganas de jugar al juego de apuestas preferido en el Frente Ruso: “¿Cuántas veces eres capaz de hacer llorar a la panadera en una hora?”.
Pero entonces, cuando la crueldad va a dar jaque mate, se cruza la húngara, y se le pasa por la cabeza tirarme un beso. Me distraigo.
Y yo, hoy, soy feliz.
Cada vez es peor el café. O al menos cada vez sabe peor. Pero tanta repugnancia se ha visto compensada cuando todas las Uñas Relimpias SA han entrado a la vez en la cafetería. Peloaunlado, Vozdediós, Traemeunacervechocho, Soyaltayguapa,y Soytanaltaperomenosguapa. Todas con sus percutientes tacones. Todas de negro. Y son sus risitas gorgojeantes que parecía que iban a salir pajarillos hambrientos, piando de los estropajos de esparto del fregadero.
Un cuartito de hora han estado, se me acercó Soyaltayguapa a pedirme la sacarina, sin desprenderse de sus piernas ceñidas en negro. Fue tan simpática, y tan melodioso cuando me dijo en RE:
- ¿Me pasas la sacarina?
- ¿Para qué?- respondí mirándola de arriba abajo.
- Ja,ja,ja qué simpático eres jamás me acostaré contigo-pensó ella con su mirada suave de novia de piloto de helicóptero.
- Me lo estarás suplicando en menos de diez días, y te diré que no, manzanita presuntuosa- pensé yo, con un poco de rencor.
Asistía a este brainstorming, Soytanaltaperomenosguapa, desde la máquina del café, e intervenía con su mirada chillona y vocinglera, con su sincero pensar.
- Pero ¿Qué piensas loco? NI siquiera yo, que soy igual de alta que Soyaltayguapa, estoy a tu alcance. Ni siquiera Vozdediós está a tu alcance.
Miré a Peloaunlado, mi verdadero amor:
- ¿Yo? -Pensó ella- yo menos que nadie, tontolculo, yo soy la más guapa de Uñas Relimpias SA.
Y todos estos pensamientos me hubieran hecho daño hace una temporada, pero ahora estoy seguro de mi mismo. Puedo llevarme decepciones a mansalva y no se me afecta nada el buen humor, ni la fe. Porque sé quién soy, sé de dónde vengo…
¿Verdad maldita, guapa?
Y ella con su mirada intensa:
- ¿Qué miras?
Y yo con mi rotundo pensar:
- A una mujer de verdad. Ya estaba harto de muñequitas falsas…
Y ¿Qué me diréis cuando, en vez de ufano como ahora, esté sentado sobre mis rodillas, de medio lado, como hacen los pobres de solemnidad, y cuando en mi escudilla bailoteen, con una coreografía ramplona, tres monedillas de cobre muy ligeras?
¿Me seguiréis queriendo cuando fracase de una vez y vuelva a fumar?
He robado a una compañera vulgar una gominola y se la he regalado a La Maldita. Apenas me ha sonreído. Ya se ha acostumbrado a que cometa actos ilegales para ella. Hoy se ha alisado el pelo y está para enamorarse. Le he dicho, sin embargo, que se lo aclare un poco, si quiere ser perfecta para mi. Me ha dicho que no tiene ninguna intención de serlo, que le da lo mismo, que no se arregla para mí.
Pero no rechaza mis gominolas.
Eso quiere decir algo.
Ya cercano el fin de mi tan dilatada como inútil carrera futbolística, recuerdo que jugamos un partido contra unos jovencillos que lo bordaban. Físicamente eran mejores, técnicamente eran mejores, tácticamente eran mejores. Mejores, mejores, mejores. Pero el fútbol es caprichoso. Y, por una serie de motivos, que forman parte del azar del fútbol, como un árbitro que nos consentía ciertas licencias defensivas, y un tenaz desacierto por parte de ellos en el remate, nos vimos ya cerca del final del partido con un jugoso empate a cero, que nos satisfacía.
La gloria se nos fue a lo tonto. Habíamos salvado situaciones delicadas durante el partido, pero no estábamos preparados para que el balón botase en una piedra, desviara trágicamente su trayectoria, y nos dejase en la vulgar derrota.
Fue un casi.
Creo que si hubiéramos conseguido nuestro objetivo, lo habríamos olvidado enseguida, y nos habríamos sumergido en nuestras grises existencias sin más. Pero ese no lograrlo hace que siempre nos acordemos de aquel día, que siempre digamos: Os acordais cuando casi?
Y eso da un poquito de sabor dulce extra a las cosas que no logras. Los casis.
Eso es lo que espero que me pase a partir de hoy, porque ya en la oficina me he dado cuenta de que casi acierto con el pantalón del traje gris. En fin, que gris era, pero no el gris de la chaqueta sino otro.
Otro que tiene la personalidad de parecerme cada vez más distinto a la chaqueta, a medida que pasa el día.
Ninguna Uñas Relimpias SA, ninguna de ellas, me ha puesto ojitos. No parece haberles impresionado mi dulce pasar desapercibido. Todo ese esfuerzo de no medir del esfuerzo, de no mirar jamás al marcador, todo ese repudiar a la mujer de Lot, no parece haber servido para nada. Seguramente para ellas, soy tan prescindible como mi compañero Israel, que en una fiesta de la empresa, le dijo a una Uñas Relimpias:
- Tú eres un ángel caído del cielo.
Esta Uñas Relimpias aparte de reírse de él, y dar dos pasos hacia atrás, seguramente a estas alturas ya se lo ha contado a sus compañeras, y ellas se andan todas riendo de Israel.
Pero, joder, yo era distinto. Yo no les he dirigido la palabra. Me he limitado a abrirles la puerta, a pasarles la sacarina con media sonrisa caída, como la media estocada que perseguía. A poner cara de soy un caballero…peligroso. Y sobre todo, con qué arte no hice nada. Con qué estilazo esperé, esperé, esperé, hasta seguir esperando.
¿No tenía que haber llegado un día en que tanta espera se hubiera terminado abruptamente?
Y alguna de ellas, me da igual cuál, bueno mejor “peloaunlado”, ¿No tenía que haber emitido claras señales antes de retirarse a peinar su melena, puesta en su pecho, con su cepillo de plata labrada, y sus motitas negras de sulfuro?
Nada, de nada.
¿Pero puede ser verdad que no funcionen las tácticas de la espera eterna?
Esperaré.
Je,je, cuando estaba en el ascensor, he visto por el rabillo del ojo, que venía Ancasderrana, cargada con montones de bolsas, corriendo. Con cierto disimulo, y mirando al suelo, le he dado al botón de cerrar, para no tener que subir con ella.
He pensado que no me merece.
No es para estar orgulloso, lo que he hecho.
De repente siento el mordisquito leve de mi agonizante conciencia. Lleva apenas viva un montón de tiempo. Y el hecho de estar casi muerta, no le impide avisarme de lo que hago mal, por leve que sea el pecado. Sí que le afecta en cuanto a la fuerza de la llamada. Lo que antes era una campanada en do poderoso y grave, ahora es un leve tirón de la chaqueta, aunque el pecado sea de genocidio.
A pesar de todo culpable, a la salida me la vuelco a encontrar en las mismas circunstancias. Solo que bajaba el ascensor. Cierro las puertas apuradamente.
No es para estar orgulloso.
De repente siento el mordisquito…
- A veces abro los cajones de mi mesa…
- Pues a veces yo me acuerdo del principio, cuando íbamos marcando a boli en un cuadrante los transportes de mercancías, el paso de aduanas, el seguro, …todo lo hacíamos a mano…
- Y me encuentro una corbata que me quité el año pasado en esta misma fiesta de hoy, y que no sabía dónde estaba…
- …luego había un despacho, con cuatro personas que repasaban a mano el cuadrante y marcaban los errores con boli rojo, y te hacían la cuenta de cuántos errores eran tuyos, y cuantos de otros…
- A lo mejor he estado todo el año buscándola, tampoco con mucho empeño, te confieso, porque, en general no amo a las corbatas, sólo las tolero…
- …entonces te llamaba Don Manolo, y o te felicitaba porque eras uno de los que menos errores había cometido, o te daba un capón por ser de los que más habías cometido. Siempre nos había parecido un dios Don Manolo…
- …pero aun así , me da rabia ser como soy, comprobar que solo guardo las corbatas cuando ya se han manchado, y que resulta que después de tanto tiempo, no te las cogen en las tintorerías, o te las cogen pero poniendo pegas…
- …y así fue mucho tiempo. Teníamos el temor reverencial a Don Manolo, y convivíamos con él. Pero un buen día (¿Sigues con la corbata?)
- No, me rindo, tu historia es mucho mejor. ¿Qué pasó con el temor reverencial?
- Pues que un día vino el jefe de Don Manolo a verle. Y le regañó.
- ¿Y ya?...pues la corbata…
- Y, no, que Don Manolo se nos hizo pequeño, para siempre.
He visto una vez al año el amor perfecto. Pasa en nuestra cena de navidad. La cena de Navidad del Frente Ruso SA. Durante la cena, nada que decir, van cayendo los blinis, la vodka, los ahumados, la vodka, el caviar, la vodka, el vodka, la vodka.
La vodka, la vodka, la vodka.
¿Qué tomarán de copa los señores?
Un pacharancito con hielo…
Y es cuando suena la música, que Duc, al que no queremos tanto, se te abraza con su sudor acuoso, y te dice al oído que te quiere, y yo en el momento justo, no lo quiero tanto, porque iba a hablar con la maldita y me ha frenado, pero cuando se me pasa el rencor, le vuelvo a mirar, y no lo vais a creer, pero coño, se ha despojado a mis ojos de todas sus cosas malas, excepto del sudor acuoso y saltarín a lomos de su pelo un poco larguito, y se me aparece dándole un besito a su madre, o preparando un colacao a su hija, o ayudando a cruzar la calle a un anciano, o acariciando a un samoyedo.
-¡Te quiero, tío!-me dice-¡No te llamo más porque mi teléfono funciona fatal, y, joé, porque muchas veces estás con la cara tan seria que me da corte decirte nada, porque tienes fama de malas pulgas!
Y aprendo dolorosamente que tengo fama de malas pulas, muy en contradicción con el concepto de mi que yo creía que tenían los demás. Pero bueno, hago porque se me pase el rencor, y como el propio rencor me ve tan rencoroso, se asusta y por fin se va. Y Duc, sigue.
- ¡Y muchas veces me apetece llamarte, porque tú eres un puto crack…
Y mientras él sigue hablando, yo, sin escucharle, me vuelvo a fijar en su cara, y se le ha puesto cara de angelote, y me parece bien, porque , mira , empiezo a quererle.
Nos abrazamos.
Y hasta el año que viene.
¡Otra vodka!
Duc no siempre nos cae bien. De hecho, si habla, no nos cae bien. Pero si está ahí callado, sin comentar las frases con párrafos interminables, o no se pone a parar los relatos de los demás para contar mierdas de anécdotas larguísimas, entonces, va creciendo en puntuación.
Lo que pasa, es que como un muelle bien criado, se afloja repentinamente. Es cuando un día, por no sabes qué, decide contarnos una excursión con un primo suyo, en la que no sucede nada, ni siquiera inventado, y que nos hace pensar, que, en realidad, el amigo Duc, está deseando salir del armario. O quiere que salga alguien, no se sabe, los pesados son complejos, retorcidos.
Pero no importa mucho esto, lo que importa es; ¿”Querer” tiene que ser algo intemporal? Es decir ¿Se puede querer a ratos, y, no obstante con mucha intensidad esos ratos? ¿Puede ser infinito un amor discontinuo?
El viejo truco de los números. Los números enteros son infinitos, pero los números impares, (Incluidos todos en ellos) también.
Podemos amar a Duc sólo de 12h a 13h, y seguiría siendo un amor eterno.
Y tú maldita ¿Me puedes sonreír de 9 a 9 y 3 minutos cada día y hacerme enormemente feliz?
Si tú no puedes le digo a otra. Aunque claro, tu sonrisa, maja, no es vulgar.
Renoir. Magnífico representante del expresionismo francés. ¿Quién puede negarlo? ¿Quién no se queda boquiabierto ante un cuadro de Renoir, cualquiera que éste sea? (No nos vamos a poner a nombrar ¿No?)
Sin embargo, la cola que había en el Museo del Prado era disuasoria a más no poder. Para un día que me cogí de vacaciones, observaba con enorme frustración, como una hilera de gente, a los que , por su aspecto, no les iba a aprovechar nada la exposición, porque no podrían interpretar, como yo las intenciones de los trazos, ni mucho menos los paralelismos biográfico-pictóricos de las obras expuestas.
Lo siento, Renoir, no pude ir. No podía echar la tarde en la cola. Me empujaron a la whiskería.
Cabrones.
En el Frente Ruso SA, tenemos una sensibilidad especial para las cosas tiernas. Claro que somos egoístas, duros, tramposos y sobre todo pendencieros. Pero, a cambio, tenemos un corazón sensible.
Ni Uñas Relimpias SA, ni Eternidad SA, han olido todavía la navidad. Sin embargo, la última puñalada en la espalda en Frente Ruso SA, ha sido dada, con un cuchillo de partir cocodrilos de mazapán. Detallazo.
Esta mañana he venido tan contento, silbando (Before the night is over, Jerry Lee Lewis+ B.B. King), he brincado por encima del apuñalado, con precaución, para no pisarle una mano, en sus estertores finales, y para no estorbar a la apuñaladora, que, agachada junto a él, devoraba su hígado, y se limpiaba la sangre de la boca con una servilleta rojita, que llevaba impresas unas bonitas hojas de acebo.
Tal vez en Eternidad SA, y en Uñas Relimpias SA, sean más civilizados en su comportamiento diario, y no maten gente por la oficinas, ni mucho menos la devoren.
Pero ¿Y su espíritu navideño?
A veces caigo en manos de un sueño de vapor, en el Cercanías. Es un sueño gatuno y ligero, breve, rápido, y como en esto no hay milagros, apenas reparador. Pero, aunque físicamente no repara, si que tiene algún efecto psicológico. Por ejemplo al despertar notas las caras de cachondeo de los demás. Como si estuvieran queriendo llamarte ceporro, solo que no se atreven.
Pasando por encima de que en este sueño, a veces, al despertarme, no diré que bruscamente, pero sí que sin afecto, el no amado revisor, por hallarme aun entre los vapores, le di a revisar la 4b, o la tarjeta de acceso a mi oficina, pasando por encima de eso, como digo, lo cierto es que siempre me desperté a tiempo.
Salvo aquella vez…
- Próxima estación: Las Matas
Y yo seguí en cursiva porque estaba durmiendo tan tranquilo, y agradecí a la sutil voz , aunque sólo era el mensajero (la mensajera) que me descubriese, que aún me quedaban 3 paradas para dormitar a saber: Torrelodones, Galapagar, y la propia Villalba, a la que, por cierto antes se saludaba sin abreviaturas, con el grandioso nombre de Villalba de Guadarrama.
Pero, tras dormitar levemente, el sobresalto:
- Próxima Parada: Kaliningrado.
Aquí ni cursiva ni leches, aquí me pegué un disgustazo horrible. ¿Qué demonios hacía yo en Kaliningrado? ¿Qué había pasado?
Pues una discontinuidad espacio-tiempo. O como me dijo el revisor . Es una discontiniudad de esas de los cojones. Pero tendrá usted que pagar el billete completo de Aranjuez a Kaliningrado, y dé gracias que se ha despertado, este tren sigue hasta el Punjab.
Figuráos.
¡Qué amargo arrepentimiento me produce pasarme con mis bromitas! Y aún es peor cuando sé con toda seguridad que me voy a pasar, y que eso no está bien. Y el comentario que voy a soltar se agita y me intenta doler para que lo suelte.
Y yo no hago ni ademán de sujetarlo. Porque yo desde el principio sé que lo voy a soltar.
Me regalaron una morcilla enorme.
- ¿Qué miras, Princesa del Hielo? Es de mi talla.
Aquí, en Frente Ruso SA, hay gente que viene muy pertrechada. Si abres sus cajones, te encontrarás cosas de supervivencia, como café soluble de marca, chaquetitas livianas, pan tostado de larga duración, hierbas para fervidiellos de toda índole, salsas embolsadas al vacío, calcetines de repuesto, o medias de fantasía, pero de repuesto también, y toneladas de puntos suspensivos.
El problema, en mi opinión es que si intentas con demasiado afán sentirte en la oficina, como si estuvieras en casa, es que acabas pensando que aquello es tu casa, y entonces suceden cosas extrañas.
Como esta mañana…
- ¡Duc! ¿Qué haces?
- Me estoy peinando, colega…¿No lo ves?
- Pero Duc, ¿En bata?
- ¿En bata, qué…?
Y Duc se miró a si mismo. Pero no puso cara de sorpresa. Sino como de pesadumbre, pero muy ligera. Como un asomo de tristeza, un vago recuerdo, una pizca amarga, y se habló, y me habló a mí.
- No es normal ¿Verdad?
- Duc, piénsalo. ¿Cómo va a ser normal?
- No es normal estar aquí en bata. Entonces.
Le reconvine con dulzura
- Duc, no. Claro que no. De normal no tiene nada. ¿Cómo ha pasado?
- Pues verás, es que ha sido de lo más natural. Ayer me traje la bata para llevarla a la tintorería de abajo. Ocurrió lo normal, que se me olvidó. El caso es que bueno pasando el día, pues desayuné mi café soluble, calentando la leche que traigo yo, me comí una de las magdalenas que guardo en mi cajón. Luego comí, a mediodía lo que había traído en el tupper, (cocidito casero) y después de comer me volví a tomar un café soluble de los de mi cajón, hecho con la leche que había traído yo de mi casa, y me lavé los dientes con mi cepillo. Pasó la tarde y me sentía tan como en casa, que en cuanto se puso el sol, y estaba aquí solo, me puse en calzoncillos y me eché la bata por encima. Y pasé aquí la noche. Hasta ahora que me has visto tú.
- ¡Dios! ¿Qué despiste, no?
- ¿Te parece? Pues eso no es lo peor, cuando se fue mi jefe, el normando, le di un besito de buenas noches. Estoy esperando a que venga, a ver qué dice.
He tratado de aprovechar el Santo del día, para charlar con la húngara. No me ha seguido mucho el hilo. Estaba preocupada por si hija, que tenía fiebre. (¡Fiebre, por Dios, ¿Qué otra cosa puede tener un niño?) Yo, que estaba dispuesto a preocuparme por su felicidad, como camino de único sentido hacia la mía, no le arrancaba ni una palabra coherente. Yo que si Isabel de Hungría esto, que si Isabel de Hungría lo otro, y ella que si 39 y medio esto y que si un momento que voy a llamar a mi madre lo otro…
Por eso, ya tratando de gusanear, le saqué el tema de que algunos maridos no cuidan de sus hijos, y andan por ahí. Y, ella lejos de valorar que yo cayese tan bajo, le defendió ¡Delante de mí! Y me obligó a contraatacar.
- Pero entiéndeme, no le estoy criticando, si seguramente tiene toda la razón al pensar en su trabajo, (Y abandonarte a tu suerte como se abandona a un polluelo de pato cagón) porque en esta vida hay que ser egoísta y mirar por uno mismo, y a tu hija que le jodan, es duro pero es así, estoy de acuerdo.
- ¿Me perdonas? Tengo que llamar al pediatra.
Y así es que digo yo, que es muy difícil captar la atención de madres atractivas. Ellas suelen querer a sus hijos delicados, más que a afables desconocidos.
Me aturullo cuando tengo las dos manos ocupadas. Me preocupa que se me presente un tercer asunto, y no tener manos para ocuparme de él. Y en lo que pienso eso, me desconcentro de lo que tengo entre manos, y se me suele caer. Ayer fue mi móvil primitivo-clásico, sin pantalla táctil, casi sin pantalla realmente. Al caérseme, se despedazó en tapa, batería y carcasa, y más rápido de lo que había pensado, lo recompuse, lo volví a encender y funcionó. Bueno, “funcionó”, mejor dicho se encendió la pantalla, porque desde luego, el reloj marcaba las 00h00min, y la fecha era 01 del 01 del 01.
Mensaje clarito ¿no? A reinventarse. A volver a nacer, nueva vida.
Nada más un problema. Como no se cambiar la fecha y la hora en el móvil, me tengo que renovar cada día. Y ya no me quedan muchas personalidades vacías que ocupar, la verdad.
(La escultural Silvia, por otro lado, ha resultado ser tremendamente simpática. Es un valor seguro. Apostemos por ella)
Me aturullo cuando tengo las dos manos ocupadas. Me preocupa que se me presente un tercer asunto, y no tener manos para ocuparme de él. Y en lo que pienso eso, me desconcentro de lo que tengo entre manos, y se me suele caer. Ayer fue mi móvil primitivo-clásico, sin pantalla táctil, casi sin pantalla realmente. Al caérseme, se despedazó en tapa, batería y carcasa, y más rápido de lo que había pensado, lo recompuse, lo volví a encender y funcionó. Bueno, “funcionó”, mejor dicho se encendió la pantalla, porque desde luego, el reloj marcaba las 00h00min, y la fecha era 01 del 01 del 01.
Mensaje clarito ¿no? A reinventarse. A volver a nacer, nueva vida.
Nada más un problema. Como no se cambiar la fecha y la hora en el móvil, me tengo que renovar cada día. Y ya no me quedan muchas personalidades vacías que ocupar, la verdad.
(La escultural Silvia, por otro lado, ha resultado ser tremendamente simpática. Es un valor seguro. Apostemos por ella)
Hablando con la Mocha: Ella hace las frases impares. Yo la réplica.
- Ella trae la comida. Él nunca trae nada.
- ¿Y…?
- Ella, después friega los tupper.
- ¿Y…?
- Ella pone la mesa, las servilletas, los cubiertos, y lo pone todo.
- ¿Y…?
- Ella consigue las sillas para que no tengan que comer de pie.
- ¿Y…?
- Que ella apenas come, se lo come él todo.
- ¿Y…?
- Que encima, lo que él come, ¡Le está engordando a ella!
Han pasado muchísimas cosas, estos días. He estado atendiendo a la vida real. Es sucia, muchas veces. Es arrastrada, y hay que pagar por todo. Pero tiene cosas buenas. Las cañas y los langostinos de la vida real, son reales. Pero en la vida verdadera, la fantástica, unas veces son mentira los langostinos, otras las cañas, y otras las dos cosas. Y, siempre, tú…
…eres mentira.
(¿Es expresión de un deseo, el santo de hoy?)
A la cariátide, la que pasea su helada figura de hada maligna, por los pasillos que no pregunta nada a nadie, ni responde a nadie nada. Que avanza por sus días, con su discreto silencio (Si, hay otros estruendosos) que muy raramente rompe, salvo para destrozarle a alguien la fama, con esa clase de verdades que deberían ser mentira…
Le dijo el rechinante Taciturno Patibulario, en el ascensor, sin que mediara provocación alguna:
- ¿Sabes? Vas a ir al infierno igual. Y ni siquiera te lo estás pasando bien.
La Maldita tiene bucles, muy característicos del siglo XIX. Muchas veces les da libertad, y viene con los bucles en cascada, y, otras veces viene con el pelo alisado. Suena ¡click! Cuando viene con el pelo alisado, porque muchas de las otras, le dan al cronometro ese día, para comprobar cuánto tiempo puede estar La Maldita sin lavarse el pelo. Pero nunca viene dos días seguidos con el pelo liso (Está guapísima, así) y las cronometradoras no pueden denunciarla.
Me alegro, hay que estar del lado de las tías buenas.
Hoy estaba ella de buen humor. Le quitan el bocado (Los fierros de los dientes), y le he echado en cara, que cuando se los pusieron, yo le dije que llegaría el día en que se los quitaran, y que no me había creído.
- Sí que te creí. ¿Por qué te inventas que no lo hice?
Es lista La Maldita, no todo el mundo se da cuenta de esta sencilla, pero magistral manipulación. Pero que ocultaba una aún mejor:
- A mí no me creíste, me estarás confundiendo con Flock.
- ¿Con Flock? ¿Qué tiene que ver?
- Como estábais juntos…¿No?
- ¡Pero que me estás contando!
- O sea que os ibais juntos a la playa…
- Eso fue una encerrona que te cagas, en mi vida he estado ni estaré con él.
Y, bueno, aunque hubiera podido ser perfecto si hubiera terminado con un “Así que tómame y hazlo ya, mi marranazo”, el caso es que me pareció que no es difícil ponerme de mal humor. ¿Eh?
- Hola, Bernie
Pero ¿Se llamaba esta mujer Rosita? Ahora que lo pienso, me sonaba más Valeria, aunque seguro que no se llama así, es más una aproximación. ¿Valeriana? No, tampoco. ¡Valentina! No, Tere tal vez sí. Feliz asociación de ideas, proveniente de Valentina Tereskova, ya sabéis la primera mujer que utilizó medio kilo de morcillo en el cocido. El cocido yakutiano, por supuesto, que en vez de garbanzos lleva alubias de la tundra.
- ¡Mardito roedore! Les voy a dar una buena tunda con esta escoba mojá.
Jinks, tampoco, ni Pixie ni Dixie.
Es hora de rendirse. No sé su nombre, pero sé cosas de ella. Cosas interesantes. Por ejemplo, tiene buenas manos para la arcilla. Buenas de verdad, no como otros que te enseñan sus cositas y te ves obligado a decir lo de:
- ¡Pues está fenomenal!
No, ella en eso es realmente sorprendente. Igual que otra virtud sorprendente que tiene, la discreción. ¿Julia? No, tampoco. Nuria, Isabel, Paloma, tampoco. Me rindo, ahora si que sí.
¡Un momento! Shawnia, ¡No que estúpido, ni de coña se llama así! ¿Por qué he pensado eso? ¿Guadalupe? No. Y por supuesto desde el principio he descartado Mónica, Carmen y María. Porque no se llama así. Y no porque no se lo merezca, ojo. ¿Rebeca? ¡No! ¿Raquel? ¡No! Nada con “R”. Rocío, ¡Tampoco!
Se me agota el tiempo, tengo que responder a su saludo. Y es tan discreta y dulce que me daría un poco de vergüenza confesar que se me ha perdido en el cerebro su nombre. Casi no nos queda tiempo para más llamadas, tal vez un par de ellas más y se va el bote. ¡Llamad ya! Rosario ¿Pero que acabo de decir de las “R”?
Cerrar los ojos y dejarse llevar, responder al saludo espontáneamente, el nombre vendrá solo:
- Hola, mi amor.
Ella acelera el paso. Yo no puedo ser espontáneo, demasiadas cosas que ocultar.
¿Se me complicará la vida?
Aquí lo que rompe, la tendencia, lo que se lleva es la hidrofilia. La gente desfila por el grifo del agua refrigerada, llevando recipientes de diseño, con la oculta esperanza (según mi opinión) de que el agua manante sea milagrosa.
Va mucho a la muerta, por ejemplo, y lleva dos enormes botellas de cristal, que rellena y se bebe cada dos por tres. Siempre que lo hace, y yo estoy delante , me parece escucharle decir una especie de plegaria de la cual me parece poder descifrar la última parte:
-…para que seamos iguales.
Yo digo que la primera parte debe ser algo así como
- Agua milagrosa, haz que yo resucite…(Para que seamos todos iguales)
Pero el Taciturno Patibulario, dice que no, que si está muerta de verdad, y quiere que seamos todos iguales, lo que dice en realidad es:
- Agua Milagrosa, haz que todos palmen (Para que seamos todos iguales)
Los sensibles sin menoscabo de nuestra virilidad (Hay más tipos de sensibles) ya vamos echando cuenta de cuáles de las chicas han cambiado su vestuario para el duro invierno que se avecina, y cuáles no.
Pero ¿Cuánto importa esto? Estoy triste, he ido a la fuente de los besos, y no llevaba botijo para rellenar, ni siquiera un maldito Pet. He cogido todos los besos que he podido con las manos, para dársorlos, y he venido todo apurado para que no se me fueran cayendo. En esto pegué un tropezón, se me cayeron unos cuantos, y muchos mendigos de besos, se abalanzaron sobre ellos, como si fueran sugus, y se los llevaron.
Así que no traigo tantos como quería.
Peto todos los que traigo os los doy sin medida.
Hasta el día 13, que nos volvemos a ver.
Mis amigos.
Sobre la eterna duda de si es conveniente conocer los entresijos de la organización para la que trabajas, hay una respuesta clara:
- Sí.
Me contaba Duc, que le salían unos granitos pequeños, en el dorso de la mano. Me los enseñaba el tío, cada dos por tres (Innecesario). Pero me contó además que no se fiaba nada de ningún médico en general. Pero, que en cambio, valoraba mucho el trabajo del día a día, de las enfermeras.
Que además siendo el hombre dicharachero (según él mismo, claro, esto resultaría inaudito para los demás), no se acercó jamás por el servicio médico, sino que aprovechó casual amistad de los pitillos de la mañana, con Celia, que sin ser médico, trabajaba en el servicio médico de la empresa, para preguntarle sobre el particular.
Y me contó un resumen de lo que ella le dijo:
“Me ha dicho que a su abuela le pasaba lo mismo, y que le iba muy bien meter las manos un ratito en una infusión muy concentrada de té. Yo le pregunté que si su abuela no se abrasaba las manos al meterlas en el té hirviendo. Que no, me dijo, que primero hacían que las metiera la chica, y luego me dijo que tampoco, que era broma, que quién me había dicho a mí que la infusión tenía que estar hirviendo, que podía esperarse uno a que se templara. Y que, si me picaba la curiosidad, no era necesario echarle azúcar. Sólo que estuviese concentrada. Incluso podrían ser de esas que se hacen con dos bolsas de té. Incluso, me contestó.”
Y parece que Duc, metía las manos en té, todos los días. De hecho, durante el tratamiento descubrió que era más práctico poner la infusión en un plato hondo, que en una taza de esas que se rompían cada dos por tres, porque no le cabían todos sus dedos ni, mucho menos, las manos.
Tras dos semanas de inutilidad del tratamiento, Duc volvió a hablar del tema con Celia. Y me lo contó también con brevedad:
“Me preguntó, mientras echábamos el cigarro de las doce menos diez. Yo le dije que había deseado con toda mi alma que bien, pero que, en realidad, mal. Ella me dijo que también había deseado que bien, pero que sentía saber que mal. Y, que de hecho, aunque no lo hubiera sabido, también lo habría sentido (De algún modo espiritual). Le dije que si sabía algún otro tratamiento, y ella que no que ni idea. Y entonces yo le dije que quizá la dermatología era una maría en la carrera de enfermería. Y ella que ni idea. Y entonces yo le dije que si ya no se acordaba. Y ella que si ya no se acordaba de qué. Y yo que si no se acordaba de la enfermería. Y ella:
- Pero Duc, yo no he sido enfermera jamás. Yo soy secretaria del médico.
- Pero…¡Si llevas bata blanca!
- Allí la lleva todo el mundo.
- Ah…
Y me dijo Duc, que el picor de las manos era duro, pero que el ridículo casi se lo había hecho olvidar.
Que hay que saberse quien es quien en la compañía.”
Y yo digo que si.
Hoy me he mirado los zapatos. Son enormes. Pasé un rato en que me parecieron desproporcionados, aunque nunca estás seguro, si no te lo dicen. Y a mí, al menos aquí, nadie me ha dicho nunca que mis zapatos le parecieran enormes o desproporcionados.
No tengo el capricho de ponerme zapatos enormes, todo responde a un proceder razonable: Mis pies son enormes, también. Por eso me pongo zapatos enormes.
Enormes. Qué palabra, ¿Verdad?
Poco a poco, las chicas de Uñas Relimpias SA, van cogiendo identidad. Martina, pequeñita, morena, con pelazo al viento, que a veces se lo pone de un solo lado, y mola bastante. La nerviosa, que habla deprisa, anda deprisa, y cuando esta abajo, fuma deprisa, además es muy alta deprisa y muy delgada deprisa y pelirroja deprisa.
Lenta para correr, según dicen. (Bueno, no lo dicen, pero no constan registros personales reseñables en ninguna distancia olímpica)
Tremendamente simpática.
Y luego Soide, que es menos pequeña y menos morena que Martina, y un poco menos atractiva, sin pelazo y sin habilidad para ponérselo de un solo lado.
Digamos que ellas son la fuerza de choque, la que está más cerca de Frente Ruso SA. Pero hay al menos otros tres personajes que habrá que ir desentrañando. Desentrañando en el sentido que los hechos determinen.
¿Dejaremos de adorar a la maldita o a la húngara aquí?
¿Puede un hombre adorar a más de una mujer, al mismo tiempo?
La Maldita sigue mirando desde arriba. Qué simpático me parece su desdén. Y qué humana le hace el lunar “pelúo” de que exista la posibilidad de que haya estado con Flock.
¿De la Maldita nadie opina?
Esto es lo que opino yo
¡Qué guapa cuando divina,
Y qué divina cuando no!
Risitas gorjeantes, tintineos de pendientes caros, bronceados de cálculo, cejas iguales y casi desnudas, manicuras francesas, tacones por norma, cigarrillos oficiales, nada de marcas satélites.
Ropa con dos nombres, gafas de sol hacia arriba, …¿A quién no les gustan las Uñas Relimpias SA?
La Maldita me lo ha dicho cuando se iba:
- ¿Ya les has dicho piropos a tus nuevas amiguitas?
- Maldita-dije tan falsa como rotundamente-jamás le he dicho un piropo a nadie que no seas tú.
- AH, que aun no te ha dado tiempo.
- Maldita, me duele que no me creas cuando te digo la verdad, y en cambio te tragues las trolas absurdas que te cuento.
- Bueno, que yo me iba, que hasta mañana…
Y esperé que saliera al patio interior, y le dije, desde arriba para que lo oyera todo el mundo:
- ¡Pero si te vas, y no piensas volver, déjame una granada de mano para reventarme el pecho, que no quiero vivir contigo enfurruñada!
Según me vuelvo casi me choco de morros con Duc, que se ríe:
- ¡Eres un puto crack, Bernie, eres un puto Crack!
- Ojalá fueras tú la maldita, Dic. Bueno no sé. Ojalá no sé.
Liz y la Negra han coincidió conmigo en el cigarro de las 12h. Pensé que estaría bien que se pelearan por mí, pero, tal vez en esta ocasión, una nube de civismo y modernidad, cultó el Sol de la pasión desgarradora (En muchos sentidos) que ambas, a buen seguro sentían por mí.
- Tengo saludos para ti-dijo la Negra.
- ¿Ah, si? –respondió Liz con la sonrisa falsa de “qué ilusión me hace”
- De Miguelín. Me lo encontré el otro día.
- ¿Cuándo?
- El jueves.
Coño, esto me pareció soberbio. Saber encajar hechos por días de la semana ¡Pasada!, es una habilidad extraordinaria. Poco frecuente.
- Jó-dijo Liz-es un poco…
- Ya, pero trátamelo bien, que es cliente de tarjeta.
- …pesado.
- Ya, je,je, pero como es cliente…
- Claro, claro.
Y ambas dejaron de fumar a la vez, diría que pasando de mí, porque seguían hablando a su bola. E incluso empezaron a marcarse, y yo por disimular me puse a hablar con uno que no siquiera me cae bien. Y además, es tío.
Pero antes de sumergirme en mi inesperada miseria, oí esta joyita de Liz:
- Bueno, vale lo hago por ti, pero que sepas que es un pestuzo.
Pestuzo ¿A que mola?
Nos han traído compañeritos y compañeritas nuevas. No son de nuestra empresa “Frente ruso SA”, son de otra; “Uñas relimpias SA”. Aunque todos pertenecemos a la misma compañía materna que nos engloba.
Siendo cada cosa limpia, mejor que cada cosa sucia, no seré yo el que critique nada de esto.
Llevamos unos días (Desde que vinieron Uñas relimpias SA), que en el pasillo huele como a orín de la noche pasada.
- Orín de calimocho- dijo olfateando el aire el entendido Carrascosa.
Pero fue la escultural Silvia (La de las berenjenas de Almagro, ¿Recordáis?) la que dio con el quid de la cuestión.
- No son ellos que mean en las macetas de los ficus, no. Han sido las dos chicas pequeñitas, que se han traído esas flores de campana de los cementerios que son muy bonitas pero huelen muy mal.
- Pero ¿Son las flores así, o que las riegan con orín de calimocho?
- No, no, son así. Hombre, me figuro que si las riegas con orín de calimocho aun olerán peor.
Se ha organizado un sabotaje. Alguien se ha presentado voluntario para ir regando las flores con 3 en 1. Os iré contando.
Los grandes enigmas a menudo son masticados del revés y del derecho, dándoles vuelta eternamente. Escupidos, observados y vueltos a masticar. Se habla, se canta, se les mira en el espejo, se les invita a pernod, se les vuelve a dar la vuelta, pero se amaga, y , para pillarlos por sorpresa, se les vuelve a mirar, repentinamente del derecho.
Con tanto trajín, se imaginan los seres humanos que los han sorprendido, porque se dicen:
- ¡Nos lo merecemos!
Pero qué putada amigos. No es así. Los enigmas perviven, aun en medio de la más voraz masticación.
Nunca se resuelven. Excepto hoy.
El famoso enigma “¿Se puede describir con toda exactitud el aspecto de una persona, sin utilizar la palabra “Como”, ni verbo alguno, con solo cuatro palabras?” que tan de cabeza a traído a toda clase de masticadores, quedó resuelto esta mañana por La Mocha. No confundir con La Mocho, que está de madre, por haber dado a luz recientemente, y que me ha confiado su dentadura postiza hasta su vuelta.
La Mocha digo, pues. Lo ha resuelto.
Yo he llegado esta mañana, con mi camisita blanca de manga corta, mi corbata azul, con un diseño de lo más cuco, peinado clásico, pero decisión, marca bien hecha, y un poco colorado, porque llegué andando del metro y hacía algo de calor. Mis gafas relimpias y en mi mano llevaba la maleta del portátil.
Esto dijo la Mocha:
- Un día de furia.
Esta ha sido una de esas mañanas tan putillas, de septiembre. Yo sigo vestido de verano, y sufro. Sin embargo, las mujeres, por ejemplo, se han adaptado bien, y la que no saca los favorecedores leggins, al menos exhibe un pañuelo de tonos apagados, como corresponde al inevitable (salvo fin del mundo) Otoño.
Por mucho que sea un masajito agradable, no me gusta la sensación esa que se me queda cuando, en uno de los enérgicos debates que tenemos en la cafetería sobre algún asunto de actualidad, acabo por tener razón en todo lo que digo y los demás en nada. Odio demostrar a todo el mundo que su rumbo es equivocado y el mío es perfecto. Y la causa es que me parece que el hecho de tener razón cae demasiado pronto en el olvido, y no se vitorea ni se hacen los suficientes homenajes.
Pero tampoco me gusta tener razón a medias, que se vea que voy por delante, pero que acabe en una especie de pacto del tipo “Bueno, pero tú reconoce que la invasión de Crimea fue injusta y yo reconozco que tal vez fue sin querer”
Y, desde luego, lo que odio con todas mis vísceras rojas, es no tener razón, y que quede en evidencia que no la tengo.
Odio cuando tengo razón, cuando casi la tengo, y cuando no la tengo.
O sea que odio.
O sea que sufro.
Aunque se me pasa un poco, cuando tú pasas por detrás de mí , sin decir ni mú, como sin formar parte de este mundo, te acercas a la máquina, y te llevas tu café solo y sin azúcar, y mientras razonamos, unos que si Wittgenstein era un borrachín amargado y otros que si el ciclismo está infecto, vas y …
…desapareces.
Hoy he preferido caminar hasta la estación. Me he levantado con mucho tiempo, y he hecho el camino descendente, sumiéndome en la dulce consciente inconsciencia de ignorar que el camino de vuelta, cuando esté cayendo la noche, será cuesta arriba.
Pero para eso faltan aun un montón de horas.
Ya maldeciré por la tarde.
Los tordos siguen alegres bajo los balcones de los bajos. Saltan a mi paso, sin huir, sino buscando frotar en mi nariz su felicidad. Su felicidad es grande, pero le queda poco. Pronto la tierra será tan dura que ya no podrán buscar lombrices, y entonces tendrán que comer los pocos insectos que resistan al invierno, por resistentes duros y con ternillas.
Así que no me ofenden con sus saltitos, los muy gilipollas.
He llegado a la estación con tiempo suficiente para esperar al tren y no tener que correr detrás de él. He escogido un asiento en el que no he tenido que encoger las piernas, porque funcionó mi cara de pocos amigos y nadie se me sentó enfrente.
El reumático Cercanías se sintió picado porque oyó a dos hablar de lo poco que tardaba el AVE en recorrer media España, que herido en su orgullo realizó el trayecto en tiempo record.
Y llegué al atrabajo sonriente, y vi a La Maldita que me saludó y me tomé un café con ella y me dio a entender, de alguna manera que no puedo recordar, algo así como una frase clave (Dios lo que daría por recordarla ahora) que en realidad pasaba de Flock.
Por supuesto no soy idiota. Sabía que se tenía que compensar de alguna manera. Y justo, después de comer como un marqués, en buena compañía, y, cuando ya sentado en mi sitio repasaba el correo electrónico, sentí el aliento,y el perfume a cubo Rubik de la húngara, que estaba detrás de mi, pero con la mirada puesta en el correo que me mandaba Schelff, que había trabajado codo a codo con ella. Creo que estaba leyendo justo la parte que no debía…
“…Y qué, mi querido Bernie, ¿Te has pulido ya a mi amiga la Húngara?”
Al mirarla supe que lo había leído. Joder, si al menos no hubiese usado la expresión “pulido”. Me tiró a la mesa los papeles que me había traído , y sin decir ni una palabra me dio la espalda, y se fue como cabalgando sobre su vibrante culo blanco (me imagino)
Ahora si que lo tengo difícil. Y encima me toca caminar cuesta arriba desde la estación.
Va a haber revoltijo próximamente. El viernes concretamente. El viernes 17 de Septiembre nos cambian de sitio. Barajan al personal. Vuelvo al lado de Maruja, la pelirroja. Maruja y yo nos reímos mucho juntos y, a veces, cuando reina Saturno, o tal vez cuando el azar lo dispone nos contamos nuestras cositas. Ella cuanta su vida real, y yo cuento anécdotas verdaderas también, con el detalle enriquecedor de cambiar los finales para que realcen mi personaje. Las acompaño a veces de finales en los que aparentemente no quedo bien, pero que una vez reflexionadas, terminan por dar credibilidad a ese personaje encantador que estoy construyendo.
Muchas veces, en las relaciones humanas nos saltamos pasos. Es decir, si yo afirmara ahora que no obstante todo esto, no pretendo nada con Maruja, mucha gente me diría que, en ese caso, ¿Por qué lo hago?. Y yo contesto que mi me gusta caer bien. Y, odio caer mal. Ayer mismo, Mike Delfino le preguntó a Susan Meyer (Mujeres desesperadas):
- ¿Por qué no soportas no caerle bien a alguien?
Pero no sigamos por ahí…¿A dónde nos lleva la triste conclusión de que soy un tarado?
El personaje que construyo es a veces firme y contundente, como Puyol, y a veces delicado y prudente, como cualquiera de esa índole. A veces triste y reflexivo, y otras cantarín y risueño. Eso no tiene ningún talento. El talento está en ser una cosa cuando haya de ser así, y lo contrario en el momento de ser lo contrario.
Y nunca, repito, nunca, ofrecer las dos caras a la misma persona.
Eso desconcierta.
Hoy es un día claro. El sol no quiere quemarnos, pero a pesar de todo, luce vigoroso, he desayunado una piara de bollos industriales, dos repug-cafés de máquina, con cinco píxeles de azúcar, y he tenido una animada conversación con la húngara, sin tener que ponerme bizco para admirar su vertiginoso escote. Tan pletórico estaba , que por momentos rehusaba voluntariamente a mirarle ahí, para que pudiera, a ratos, como digo, distinguirme de Juanito Navarro.
A pesar de estar sembrado, reconozco que me esperaba más de la húngara. No es que estuviera antipática, que no, de hecho se reía, pero no sé, su risa dejaba un deje como si le debiera satisfacción por algo.
Entraron en la cafetería unas pastorcillas jilguereando, y me parecieron un poquitín molestas, estorbando mi asedio a la húngara. Tuve que quitar las barricadas y esconder a los artilleros, para dejar el campo de batalla suficientemente oculto.
Una de las pastorcillas se dirigió a mi húngara.
- ¡Felicidades húngara!
- ¡Gracias!
El cartel “IDIOTA”, en Time new roman 72, lució enseguida sobre mi frente. Y para más escarnio, le había preguntado por la fecha de su cumpleaños apenas hacía unos días.
- El 9 de Septiembre.
Que me temo que es hoy.
Le felicité como pude y salí corriendo. Leí la decepción en su rostro. Si me pongo a elaborar una teoría sanadora, me sale que este olvido refuerza mi posición, porque a ella le dará rabia pensar que me puedo olvidar de su cumple, y seguramente se picará, y empezará a provocarme para que caiga en sus brazos.
Aunque he oído decir que estas teorías nunca funcionan.
¿Qué me decís?
Si me queréis darse prisa, estoy esperando en mi sitio…
Tenemos una verdad. Los del tren. No nos gusta que nadie se nos siente al lado ni enfrente. Todo lo más en diagonal, pero si ni siquiera eso, pues mejor. Los que llevan bultos, los dispersan entre los asientos para que, al menos, los tímidos no digan lo de :
- Disculpe ¿Me permite?
Así que al menos se ahorran a los tímidos. Por supuesto luego los hay de esos que defienden sus derechos y te obligan a quitar los bultos sin más consideración. Pero los que hacen esto de “yo defiendo mis derechos” , suelen tener éxito, pero esto de no ceder jamás sin quejarse, tiene su precio, y el precio que pagan ellos es que los que nos subimos “prácticamente” al principio del recorrido los consideramos chusma cutre. Suena duro, pero creedme son esa clase de personas que siempre tienen cara de cabreados porque están defendiendo sus derechos, y que siempre joden los planes a todo el mundo porque resulta que no les han dado el café a la temperatura adecuada.
Pero no quiero engañaros continuamente, la ley de 04/1978 de “Andaquenohaysitionenelputotrenpaquetetengasquesentarjustoaquí”, tiene sus excepciones. Las excepciones son para los casos de gente de la que te puedas enamorar. En mi caso esto abre las puertas a mulatas cantarinas y centelleantes y se la cierra a ebanistas con bigote. Pero cada uno tiene sus cierres y aperturas.
Lucha silenciosa que nos traemos.
Flock y La Maldita se van de fin de semana. A la playa, dicen, así en genérico, a la playa. La Maldita quiere churruscarse un poco, lo que le faltaba.
¿Qué hará Flock? ¿Cómo le hará reír en el desayuno? ¿Por qué se que a mitad del partido del sábado, cuando haya un tiempo muerto, me acordaré de él, y de ella, y me preguntaré lo peor, y esperaré con paciencia a que acabe el tiempo muerto para no tener que enfrentarme a la presunta verdad?
En realidad, Flock, vais a la playa juntos, sí, y todo podría salir bien, si yo quiero. Porque yo se hacer que esas cosas no salgan bien. Mira lo que sé, lo leí en una revista la mar de seria, que las medusas están interconectadas mentalmente, de una manera desconocida pero rudimentaria. Y yo sólo tendría que meterme en esa interconexión, para conseguir que todas al tiempo te picaran en tu micropene no patológico.
Septiembre es como Denis Cantor. Cae mal. Si, el viene con su sonrisilla de “hola, chicos”, pretendiendo ocupar el lugar de Agosto, como si nada. Y lo que nos fastidia no es que quiera reemplazar a Agosto, que al fin y al cabo es su trabajo, lo que no aguantamos es que pretenda que eso lo puede conseguir fácilmente. Después de todo Agosto, está lleno de fiestas populares, siestas contundentes y noches melancólicas. Y Septiembre quiere pasar por encima de eso. ¿Tú que ofreces, Septiembre? ¿Exámenes, vueltas al cole, mañanas estúpidamente frías…?
Eso es lo que pasa contigo, Septiembre, que no nos respetas.
Abril, con su proverbial indecisión, es bastante más humilde, cacho perro.
Como diría Guiss que Ágatha Christie diría de una habitación: Era de proporciones agradables. Me refiero a la chica cuya acción dudosa del día fue sentarse esta mañana frente a mí en el Cercanías. La chica era enorme, pero proporcionada. Este asunto de la proporcionalidad, relativizaba notablemente su grandeza. Porque además llevaba una tartera enorme, donde seguro que llevaba enormes filetes de enormes terneras, con un escandalosamente grueso empanado, y un mantel como servilleta, y una inconmensurable barra de pan para mojar, y de cubiertos, un sable y un tridente.
Los asientos del Cercanías son grandes, aunque finitos, y no daban para apoyar toda su superficie, sólo lo justo para que mantuviera el equilibrio, las uñas de sus pies estaban pintadas de rojo, se apreciaban a simple vista los precisos brochazos, cuando no la rodadura del clásico rodillo que los demás utilizamos para pintar paredes.
Para ella era un anillo, que le daba un toque moderno, en ¿Se llama corazón del pie ese dedo? Me refiero al que echó sal al huevo, pero para nosotros, los mortales pequeños, era una argolla portuaria. ¿Qué no se gastaría la muchacha en oro?
Me asombró que cada vez fuera más grande. A la altura del Ramón y Cajal, ya no iba sentada en su asiento frente a mí, abanicándose con su póster-abono-transportes, iba a horcajadas sobre el vagón, y ya sólo a través de las ventanillas, conseguía ver detalles de su tobillo, y la argolla portuaria ya era un refuerzo circular de chimenea de siderúrgica.
Me picaba la curiosidad por ver como pasaríamos los túneles que dan acceso a Chamartín. Pero más me pìcó el sueño, porque cerré los ojos, y ya no me desperté hasta Nuevos Ministerios. Dolido con mi débil naturaleza, al despetar y ya no verla inquirí con la mirada al resto del pasaje.
Pero no fueron capaces de darme razón de ella.
Lis también de vacaciones (Lis, la que capturó el gato, la que está más buena de lo que se cree ella misma). No me lo esperaba de ella, porque, en fin, siempre está. Ella y yo siempre hemos podido tomar cañas juntos, con tal de que hubiera una tercera persona. De hecho, si esta tercera persona, se iba al baño (Cosa muy frecuente entre las terceras personas), nos quedábamos hablando casi sin vocales, para no hacer evidente la falta de química entre nosotros. Ojo, Lis no es un caso como el de Cantor. Primero porque Lis, no sé si ha quedado claro, es un cacho de mujer, y, segundo, porque no existe odio entre nosotros, sino que es falta de amor.
Últimamente me he dado cuenta de que Lis ha sufrido de más, en la vida. No es sólo las alergias (Gatos, soja, frutos secos, fruta climatérica, cerdas de nylon, sillines de bici, mimbre, bombones de licor, hierba, licor de hierbas, ruido de cortacésped, negativas rotundas, ratos de meditación, rythm and blues, surf, bebidas energéticas, chinchetas de color azul, grasa de carpincho, moqueta gris, moqueta gris oscuro, blanco de las mandarinas, galletas integrales, kikos, kikos gigantes, gigantes y cabezudos, poetas calvos, agua oxigenada, vitrinas refrigeradas, ceniceros con papeles, pan tostado y novios calvos que se llamen Nicolás) sino también que, desgraciadamente la anda merodeando algún cáncer, y la pobre siempre está pendiente de pruebas, que siempre, siempre…va superando.
La chica pues, es dura. Y eso me gusta.
Por lo visto, sabe echar males de ojo, según dicen. Si le ofendes te pone un par de velas negras, o utiliza líquido de tus lacrimales, que consigue con el excelente truco de sorberte el líquido con una pajita en el ojo, sin que apenas te des cuenta, en una poción chunga que probablemente te saque un par de granos negros en el rostro mínimo.
Ese es su lado oscuro.
La vea ahí, en la puerta con su minifaldita y sus mofletitos, y sus piernecitas cruzaditas, y ni te hueles tanta intensidad.
Denis Cantor me ha agarrado el hombro con su mano grande, caliente y húmeda. Por suerte soy demasiado masculino para llevar vestidos de tirantitos, y a su mano la detuvo mi camisa, si llego a sentir piel contra piel, como en las canciones, me hubiera muerto.
Seguro que este odio me condena eternamente, y sabiéndolo trato de eliminarlo, pero cada vez es más evidente en mí, que mi arrepentimiento, de haberlo, será meramente formal, y no auténtico y sincero, como exige una salvación genuina.
Pero que va. NI sincero ni fingido, cuando veo a Cantor alejándose por fin, y en cuanto sale el sentimiento de alivio, entra a empollones medio sin dejarle salir del todo, el sentimiento de “Quiero patear ese lánguido trasero”. Se juntan ambios sentimientos, en el umbral de mi corazón (Ese corazón noble y generoso, a pesar de todo, ese corazón sexy, como los molletes de la Maldita)
La muerta está de vacaciones, ya lleva dos semanas, tenía un par de macetas con tierra yerma , de repente, ayer, me di cuenta de que empezaban a salir, tímidamente, algunas plantitas de las macetas.
La vida aparece, si se le deja. La muerta acaba apareciendo, siempre.
El asunto Flock y La Maldita lo sigo de cerca. Les observo. Se creen a salvo, libres, que pueden sonreírse tontamente. Y como pueden lo hacen, no usan del poder mayestático y glamouroso de no hacer todo lo que uno puede hacer.
Se toman juntos su café de máquina, tan repugnante como evocador, se fuman juntos su cigarro de por la mañana, del recreo. Y él, eso sí que me complace verlo, no se pregunta por qué ella antes le despreciaba, y por qué ahora parece que le ama tanto. ¿Qué ha cambiado?
Flock no se lo pregunta. No quiere saber si se lo merece o no. Y si no quiere saberlo es que está convencido de no merecérsela. Y ella, en el fondo, ¿Se avergüenza de él? Tal vez, pero si él no se da cuenta, puede seguir eternamente con el aire vanidoso del tigre mirándose las uñas.
Oh, claro, qué bonito sería un final feliz. Por ejemplo, uno el que acabaran juntos, totalmente enamorados, y que yo lo jodiera todo, porque me pongo a tiro de ella, y ella no pudiera resistirse a la parte animal y fuera verme y tener que arrancarse la camiseta esa tan bonita que trae y que le aprieta un poco los pechos y…
Y ella le dijera a Flock delante de mi:
“Flock, lo que pasa que a ti te quiero para formar una familia, y para que prepares cola-caos, y para que me ayudes con la vida, para que seas mi copiloto, mi apoyo y mi apoyado. En cambio a él, le quiero para que, para que…”
Y que Flock le preguntase ansioso:
“¿Para qué, para qué…?
Y que ella poniendo esa cara que yo se que puede poner le contestara…
“Para que me embista con furia, el cabrón…, a mí y a mis amigas a todas a la vez”
¿Te enteras Flock? ¿Sabes preparar los cola-caos en frío?
En el tren me pregunto si un fenómeno atmosférico, lo suficientemente gordo, podría destruirlo todo. Si podría llegar un día en que me encontrase totalmente sólo, como único superviviente, de la noche a la mañana. Si lo divertido que pudiera resultar tenerlo todo para mi (Coches, casas, parques temáticos, mortadelos,…) superaría a lo apestoso de millones de cadáveres corrompiéndose al sol, o a lo triste de haber perdido, entre tantos seres indiferentes, a mis seres queridos, excepto el más querido de todos para mí: Yo.
Pero llego descansadito al trabajo, dispuesto a exponer mis líneas argumentales, cuando uno de esos que disfrutan dando noticias dudosas, me aborda a la entrada, y, me desmonta la diversión, subiendo otro tema al protagonismo.
- Duc ha vuelto de vacaciones. Y está raro.
En cuanto vi a Duc se me olvidó mi divertida teoría de las catástrofes, y, sin aparente reacción fisiológica, me sorprendí espiritualmente un huevo.
Duc, sentado delante de su PC, emitía una especie de extraña luz blanca, no hiriente, un poco azulada, como de faro de bmw. Pero además de esta paranormal palidez, tenía los hombros extrañamente caídos, el gesto triste, y hubiera debido tener las manos temblorosas, para que la escena fuese inequívoca, aunque reconozco, que de hecho, no era así. Su pulso era firme, hasta donde yo podía saber.
- ¿Qué has hecho estas vacaciones, Duc?
- Espeleología en los Cárpatos.
No sé que me sonó más exótico, si los Cárpatos, la Espeleología, o incluso, la preposición, tal vez el artículo. No contesté, porque me pareció que la introducción, tan sorprendente, no precisaba de pie para continuar. Y así fue, Duc, continuó:
- La entrada era un agujero muy pequeño, casi no cabíamos.
- Qué bárbaro.
- Sólo llevábamos latas de fabada para comer. Yo engordé. Luego tuve que esperar tres días para poder salir. Por eso ahora estoy como blanquecino azulado, y un poco tristón. Pero en fin, por lo menos no me tiemblan las manos.
Me molesta que las cosas sigan el curso esperado. Quizá la sensación más desagradable que pueda tener uno, dejando a un lado las que tienen que ver con las uñas, que son insuperables, es ver que se confirman negros presagios.
La Maldita y Flock se han marchado juntos al parking. Y, nosotros, somos miserables, sí, pero vamos de frente, y reconocemos que nos jode. Y nos jode más porque Flock no era un candidato al éxito, más bien era nuestro último colgado, el desgraciado al que todos mirábamos cuando nos sentíamos mal, para sentirnos mejor. Mientras él estuviera allí, teníamos un fondo para tocar. ¿Ahora como sabíamos que aun merecíamos vivir?
Mañana todos a escudriñar la sonrisa de Flock, y la de La Maldita, y si ella (Dios lo quiera) viene quejándose de que qué pesado y que qué se había creído, y que solo le había acompañado al parking por pena, lo que hay que hacer no es atacarle, sino defenderle:
- Mujer, es un hombre, ¿Qué esperabas?
- Es un baboso.
- Sí, por supuesto, pero es normal, porque tú le impresionas mucho, porque el te ve como una diosa inmortal, y eres su conexión para no pensar que este mundo es una mierda…bla blá blá…
Ser inesperadamente compasivo con los perdedores, es un placer reservado a los grandes cabrones.
Por la tarde, en verano, cuando solo quedamos los héroes en el trabajo, nos tomemos licencias tipo pañuelo de flores no reglamentario, encima de la guerrera del uniforme, y nos reunimos a tomar café y a discutir lo que haríamos si nos tocaran 5 millones de euros.
Aunque diferentes en los detalles, las posturas se resumían en dos: Unos que se molestarían en volver para echarnos su éxito en cara, y así disfrutarlo más intensamente, y otros a los que les gustaba decir que nunca más volveríamos a saber de ellos.
Flock, aparentemente ajeno a todo, se volvió a La Maldita:
- Te tengo dicho que cuando vengas con ese vestido, no te muevas de tu sitio, que estás saltando todo el rato las alarmas de incendio.
Y, nosotros, los veteranos nunca le hemos visto a Flock, posibilidades con La Maldita, pero a partir de ahora habrá que estar atentos.
Es un tema simpático, sí, pero disimulo un poco de rabia interna, porque La Maldita me gustaba también para mí, con su punto de amargura, tan sexy.
- Mi cuñado regresó del Brasil, vivo.
- ¿Y por eso tienes, Margot, ese moratón en la frente?
- Exactamente.
- ¿Cómo es posible? ¿Qué tiene que ver?
- Pues que mi marido, se encargó un medallón de cuarto de kilo de oro, con la silueta de mi cuñado grabada en bajorrelieve, y prometió no quitárselo si mi cuñado volvía.
- ¿Y entonces?
- Mi cuñado volvió. Y mi marido no se quita el medallón.
- Ya, pero…
- No se lo quita nunca. Ni en los momentos más íntimos. Y cuando estamos los dos en un momento íntimo, sobre todo en los bamboleos finales, entonces yo me arqueo hacia adelante, y se me viene encima la medalla, en toda la frente…
Tras el banquete de los tordos (Parecían humanos, como de fiesta, zampando lombrices bajo la sombra de los balcones de los bajos, parloteando en su idioma agudo y jilgueril, con la boca llena) la luna ha vuelto a sus cuartos, el sol a la eterna búsqueda de sus equinoccios, y las ardillas que nunca hubo en mi jardín, a su plácida no presencia.
El señor Juan arrojaba migas de pan desde su terraza. (Terraza como atalaya). Los tordos ya no estaban interesados, ya sólo rezongaban atontados por la hartura. Sobraron medias lombrices y todo. Las migas ya estaban duras, y rebotaban en las cabezas de los tordos que se habían salido de la protección de los balcones de los bajos, y éstos se enfadaron un poco. Un poco todo. Pero en ese momento, todo no era mucho.
El señor Juan insistía. Los tordos seguían tumbados boca arriba, con las patas esas que tienen los pájaros, de plástico, estiradas y con los dedos (¿Son dedos eso?) separados para tapar el sol, porque los tordos, de toda la vida se sabe, que son flojos de párpado, y aunque cierren los ojos, se les cuela el sol.
Los babuinos, al contrario, tienen párpados pesados como estores del ikea. En mi barrio (urba) no hay babuinos.
“Cuatro infartos de una tacada”. Dijo un chico que enflaquecía el plato del amor a las personas, para engordar el plato del amor a los animales. E inclinándose otra vez sobre los cuatro tordos muertos, que empezaban a verse cubiertos de lombrices, sólo dijo:
- Cuatro tordos muertos de un infarto. ¿Quién pudo hacer algo así?
- Él.
Eso lo dijo una voz infantil. Nos dimos la vuelta y vimos a un chico al que le adjudicaría 10 años alguien que no tuviese ni idea de adivinar edades, que a duras penas sujetaba un enorme perrazo tipo dogo. (Era enorme hasta para un perrazo enorme).
- Creo que de repente olió a los pajarillos, que estaban tomando el sol, y le debió fastidiar, porque se volvió loco y se lanzó sobre ellos ladrando a lo bestia. Nunca lo había hecho.
- ¿Nunca?
- Con tordos no, sí que lo había hecho con gorriones y urracas, pero con tordos jamás.
Nos cayó una suave lluvia de migas de pan.
Andan locos los tordos, deseando que por fin haya tormenta. No pueden hace nada para que llueva, para que salgan las lombrices gordotas, que es de lo que se trata. Pero, claro, es que aun no pudiendo hacer nada, se muestran nerviosos, y dan saltitos, seguramente para que la naturaleza no les pueda decir:
- Os vi las caras, y no parecía que tuvierais muchas ganas de que lloviera, la verdad. Si al menos hubiera visto un poco de ansia…
Pero no va a quedar por sus nervios y sus caritas pequeñas ansiosas.
En cambio las lombrices no pegan saltos, no es su estilo. Pero se aovillan y se estiran frenéticamente, suplicando a la naturaleza que no llueva, que conocen a los tordos, y no les gustan.
Las lombrices no son tan expresivas como los tordos, porque, claro tienen menos arrugas en el cerebro, y también tienen menos arrugas de expresión. Así, que si hubiera habido una caseta de apuestas, pudiera parecer que los favoritos eran los tordos.
Eran las 6 de la tarde. Y se cerraba para tormenta, claramente. Y las lombrices se retorcían tratando de controlarse, pero sabían que a la primera gota de agua, y merced a su instinto (Estúpido, sí, pero instinto) saldrían como flechas de la tierra y se pondrían a tiro de los tordos.
Pero al viento, que va poniéndose violento a medida que se acerca la tormenta, le dio de pronto un cansancio. ¿Está parándose para tomar impulso? Esta vez no. Está gastado de soplar. Ya no puede más. Y las nubes, al ver este rehúse del viento, sospecharon algo raro y se separaron entre sí. Y el Sol, que solo necesitó un hueco, decidió reinar.
Y la tormenta se marchó.
Y las lombrices quedaron a salvo. Hasta las 8.
Hora de riego de los aspersores. Ya ves tú.
Un grupo de mujeres llevaban varios días acechando (por su bien) a un gato independiente, de corta edad. Le han estado tentando con comida, por ver si eran capaces de capturarlo. A la hora de la verdad, no se atrevían a meterle mano, porque los gatos, cuando se revuelven son más fieros que los pumas. (Y si no, leer cualquier documentación que apoye esta teoría y tire por los suelos la contraria).
Pero hoy ha habido algo distinto. Ha llegado Lis, (La que está más buena de lo que ella misma se cree) y sin mayores contemplaciones, lo ha trincado por los sobacos, y lo ha metido en la jaula para gatos que tenía preparada una de las cobardonas. La verdad es que no lo depósito con suavidad, sino que lo dejó caer, haciendo gala de cierta sabiduría popular, que consiste en saber que los gatos caen de puta madre. (Consultar, leer y subrayar teorías acordes con este principio, y rechazar cualquier otra.)
Lis no esperó a recibir las felicitaciones aliviadas de las cazadoras inútiles, sino que salió andando con su minifaldita beige, y su pedrería en bonitas sandalias de tacón vertiginoso, mientras se sacudía las manos.
Iba diciendo:
- ¡Mierda! Soy alérgica a los gatos, tengo que lavarme las manos.
Koreel Young, una coreana muy simpática, aunque fea como un demonio, es como el Cid. Llama para cosas de trabajo cuando está de vacaciones. Bueno, el Cid era algo más exagerado, e iba al trabajo después de muerto. En eso el Cid se parece a la muerta, que sigue viniendo a trabajar muchos años después de haber fallecido, si bien es verdad que aquí nadie le ha dicho nada, por delicadeza.
Aunque ella debería sospecharlo, porq ue esa risa que tiene, que aunque técnicamente es risa, porque es una reacción a algo gracioso, suena como un quebranto, como un “debería estar riéndome, pero estoy muerta, así que emitiré un sonido de ultratumba”.
Claro que trabajar después de muerta, tiene sus inconvenientes: La muerta tiene una salud nefasta. Podría pensarse que eso es injusto, y que por qué tiene que perseguirle durante toda la eternidad esa tos desgarradora, o por qué tiene que andar siempre con catarros de los que se agarran al pecho.
Yo no sé tanto por qué, ni me hago responsable. Si por mi fuera le daría permiso para iniciar el descanso eterno, e incluso le grabaría una inolvidable lápida, en tiempo récord, una lápida rápida.
“La muerta, un montón de horas extras”
Pero a lo que iba. Koreel, como digo, es muy fea. Tanto que parece imposible que pueda serlo más. Pero el hecho es que en cierta ocasión se la jugó un mal hombre, y en un ratito que no pudo más, se puso a sollozar espontáneamente. (Y mira que los asiáticos son buenos escondiendo los sentimientos), Y lloró con tantísimo afán, que nos tenía a todos con el corazón en un puño, no ya por lo hondo de su pena, que también, sino, sobre todo, porque con los pucheros que hacía, el continuo moquear, y el enrojecimiento de la nariz, estaba muchísimo más fea que de costumbre.
Y eso era mucha fealdad.
A su vez, medio solapado con esto (Porque esto no es Hollywood, sino el mundo de las cosas imperfectitas) Orlando había iniciado el lento proceso de debilitar su sistema inmunitario, hasta conseguir que su persona no tomara a Koreel por un cuerpo extraño. Y mira lo había ido consiguiendo, y como la chica por otro lado tenía ingenio y era femenina, pues Orlando había conseguido tolerarla, acostumbrarse a su extraño rostro.
Cuando consiguieron un acuerdo. Él dijo:
- Está bien, cargo contigo, pero júrame que nunca, en tu vida, vas a llorar.
He vuelto al tren, el aire acondicionado (A/A) de mi coche ha dejado de funcionar. En total dos meses funcionando. ¿Qué hago? ¿Lo arreglo? Tendré que ir a ver al Jóse:
- ¡Huy pues tendrá una fuga! Esto te va a costar 4 millones de euros.
Lo más probable es que lo arregle, porque durante el tiempo que funcionó, la verdad es que me sentí una persona, y mi autoestima escaló lo que pudo por las endebles paredes de mi carácter.
Ahora vuelvo a sudar como Zidane, pero sin tirar los penaltis como él. Por eso he vuelto al tren. Los viajeros me han acogido fríamente, (Es decir sin que ardieran las antorchas de la pasión, que antes se inflamaban a mi paso), pero a su vez, sin odio. Fui la golondrina que quiso ser más, y volé lejos de la bandada. Y tuve que volver.
Tal vez el revisor me pidió el billete con algo de deseo de pillarme en el renuncio. Pero debería saber que mi honradez es imbatible.
Y, claro, al final ocurrió lo que tenía que ocurrir; en llegando a Pitis, se bajó el Gusano del tren, y en menos de medio minuto, volvió a subirse al vagón, pero trayendo un carnero de buen tamaño sujeto por las orejas. (Le soltó de las orejas para subirlo al vagón, los otros le ayudaron a subirlo, apuesto a que sin saber de qué se trataba la historia)
- ¿Quién tiene una navaja?
- ¿Para qué?
- Ha vuelto el hijo pródigo, hay que matar un carnero. Lo dice la Biblia.
- Ah, pues es verdad-dijeron algunos.-lo dice la Biblia.
Menos mal para el carnero que estaba por allí Malcolm, el erudito, con su melena cana, y sus gafas de sol delicadamente puestas sobre ella.
- Si, dice la Biblia que cuando volvió el hijo pródigo, el padre mató un cordero, pero hay que tener en cuenta que lo hizo por dos razones: La primera es que había vuelto el hijo pródigo. Y esa razón la compartimos todos, puesto que aquí tenemos al hijo pródigo.(Me señaló). Pero la segunda y no menos importante, es que el cordero era suyo. Y se lo iban a cenar. Cosa que ahora no se cumple. Así que suelta a ese pobre animal, y cómprate una Biblia comentada, Gusano.
Y así se hizo, aunque , el pobre animal se bajó en Ramón y Cajal, que seguro que le venía fatal.